Juan Carlos Díaz Lorenzo

Los pasajeros habituales de la línea Cádiz-Canarias le conocen desde hace años. Se llama Juan José Blanco Morales y es una de las caras amables de Trasmediterránea, en cualquiera de los barcos en los que se encuentre. En la actualidad se desempeña como encargado de bar en el buque “Murillo”, que cada semana hace posible la línea marítima que en 1917 será centenaria a cargo de la compañía en la que trabaja. Tiene en su haber tantas historias y anécdotas de gentes que van y vienen que posee argumento suficiente como para escribir un libro.

Juan José es un hombre entrañable, buen conversador, profesional destacado y competente y mejor persona. Gaditano de pura cepa, nacido hace 54 años en Tarifa en el seno de una familia numerosa –“somos nueve hermanos”–, le conocemos desde hace mucho tiempo y siempre hemos visto en él a un profesional íntegro, que ama y disfruta con su trabajo y se siente muy vinculado a la empresa naviera de la que forma parte.

Juan José Blanco Morales es un excelente profesional y magnífico conversador

“Mi vida siempre ha sido la de una persona trabajadora desde que tenía 14 años. Desde niño, en que ayudaba a mi familia con la carpintería en los cascos de los barcos, ya veía que mi futuro estaría relacionado en próximos años con la mar. No me entusiasmaba estudiar, por lo que un día, siendo un chiquillo, tuve una pequeña conversación con mis padres y les comenté qué les parecería que dejara los estudios y empezara a trabajar. A ellos les sorprendió esta reacción mía, pero les pareció bien y fueron ellos mismos los primeros que me apoyaron para que saliera adelante”.

En 1996, en unión de uno de sus hermanos, regentó en su ciudad natal el bar “El Ancla”, “que es el más meridional de Europa”, resalta. Pero cuando aquella etapa acabó  “aproveché para sacar los títulos necesarios animado para embarcar e involucrarme de lleno en otra nueva andanza de mi vida. Mis inicios marineros estuvieron relacionados con la compañía ISNASA, en la que empecé haciendo la ruta Algeciras-Ceuta, pero al cabo de una corta estancia nos informan que la empresa iba a desaparecer”.

“Así que llegó el momento de espabilarme –prosigue– y envié currículum a varios sitios, entre ellos y recibido con mucha suerte el que llegó a Trasmediterránea. De modo que en pocos días dejé ISNASA y embarqué en el ferry ‘Ciudad de Zaragoza’, en el que hice dos campañas como camarero en primera instancia y administrativo en la segunda. A medida que me fui relacionando con la compañía ví con buenos ojos que aquí estaba mi futuro y así se ha cumplido. Desde entonces voy donde me mandan y siempre trato de cumplir con mi deber desde el primer día hasta el último”.

“Juan J, Sister”, uno de los barcos de más grato recuerdo

Su siguiente barco fue el ferry “Juan J. Sister” en la línea Málaga-Melilla, “en el que empecé a echar mis raíces. Comento el dato anecdótico de esta campaña, y la resalto con creces, porque tuve la oportunidad y el orgullo de conocer y trabajar junto al capitán Juan Soutuyo. A partir de entonces entro en una relativa constancia de trabajo y vacaciones, de las que me llaman casi siempre antes de terminarlas a ver si puedo embarcar en cualquier barco donde haga falta un camarero. Casi todas las llamadas y propuestas las ha confirmado, porque siempre me ha gustado tener la confianza de la empresa. Siempre he querido que me llamaran para trabajar cerca de casa y así poder disfrutar de mi familia que vive toda en Tarifa, pero unas veces la suerte ha estado de mi lado y otras no tanto”.

Juan José Blanco ha navegado, entre otros, en los buques “Ciudad de Valencia”, “Ciudad de Salamanca”, “Ciudad de La Laguna”, “Ciudad de Palma”… “En resumen, creo que he estado en todos los barcos de la compañía, en los rápidos y en los convencionales, incluso en los barcos de carga. Una de mis mejores campañas la viví cuando me destinaron al canal de la Mancha, a bordo del ‘Fortuny’. El barco hacía la línea Bilbao-Portsmouth en una travesía de 27 horas. Gran experiencia la vivida en esa campaña y con mucho gusto la haría de nuevo”.

“Y que no se me olvide cuando me llamaron para embarcar en el buque ‘Ciudad de Valencia’ para ir de Barcelona a Civitavecchia (Roma), con motivo de la canonización de José María Escrivá de Balaguer. Estuvimos dos días atracados en el mencionado puerto, que es el de la capital romana. Es uno de los mejores recuerdos que continuamente llegan a mi mente del tiempo que llevo en la compañía”.   

En 1998, echando en falta a su familia, Juan José decidió abrir un paréntesis y desembarcó para abrir con su mujer un negocio en Tarifa llamado “La Bodeguita”. Poco después surgió la posibilidad de trabajar en el ferry griego “Lenno” que hizo la línea Tarifa-Tánger, en el que embarcó “cien días, hasta que el barco se fue”. En 1999 volvió a Trasmediterránea y “a raíz de ahí fue todo sobre ruedas y me hicieron encargado de bar y así hasta la actualidad”.

Nuestro protagonista conoce Canarias desde hace tiempo. Se estrenó a bordo del ferry “Villa de Agaete”: “Llegué un fin de año, como casi siempre me toca pasarlo fuera de casa y fui a La Gomera. Hice esta primera vez la travesía Los Cristianos-La Gomera-El Hierro y terminé la campaña super encantado. Además, siempre mantendré un especial recuerdo de mi estancia en Canarias”.

El ferry “Murillo” cubre en la actualidad la línea Cádiz-Canarias

Le preguntamos por el trabajo bien hecho y nos contesta: “Eso siempre me ha preocupado mucho. Me gusta que todo esté ordenado y preparado al mínimo detalle desde que empieza la travesía y durante toda ella”. Acaban de llegar unos pasajeros al bar “Corsario”, a bordo del ferry “Murillo”, en el que Juan José Blanco Morales tiene su responsabilidad. Les atiende de inmediato y luego nos dice: “En fin, en reglas generales, quería y quiero transmitir que soy un tripulante más trabajando para esta empresa, y siempre he querido integrarme y volcarme al cien por cien, porque me lo ha dado todo y a ella [Trasmediterránea] le debo mi trabajo. Por eso me gusta aportar continuamente ideas nuevas y ser alguien activo y efectivo”. Buen criterio, a nuestro entender.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo y Manuel Mohedano Torres

 

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

El buque escuela “Juan Sebastián de Elcano” señaló el pasado viernes un nuevo hito en su cuaderno de bitácora, después de 85 años de vida y 84 cruceros de instrucción, al cruzar el Atlántico Norte exclusivamente a vela, informa la Armada española. El velero partió el 21 de mayo desde el puerto de Newport Rhode Island (Estados Unidos) y en dicha madrugada alcanzó el Canal de la Mancha.

Actualmente el buque escuela se encuentra en tránsito hacia Den Helder (Holanda), donde arribará el 20 de junio para asistir a la conmemoración del 525º aniversario de la creación de la Marina holandesa. Se espera una importante concentración de grandes veleros en dicha localidad. En la actualidad navega en tránsito hacia Den Helder (Holanda), donde arribará el 20 de junio para asistir a la conmemoración del 525º aniversario de la creación de la Marina holandesa. Se espera una importante concentración de grandes veleros en dicha localidad. 

Las borrascas encontradas en el Atlántico norte han favorecido el hito

La historia comenzó a gestarse tras salir de Newport y navegar al sur para librar una zona de bajas sondas y densa niebla. A las once de la mañana del día 22 de mayo el comandante del buque, capitán de navío Alfonso Gómez Fernández de Córdoba, ordenó caer de rumbo a levante para iniciar el cruce del Atlántico.

Desde entonces han transcurrido 24 singladuras, en las que se han navegado 3.060 millas náuticas y en las que además se ha conseguido el récord de velocidad del presente crucero: el pasado miércoles se alcanzaban 13,7 nudos cuando se navegaba con olas de 6 metros y viento entablado de 45 nudos con rachas de hasta 55 nudos.

El buque-escuela, que normalmente navega el máximo tiempo posible a vela para facilitar la formación de los guardiamarinas de la Escuela Naval Militar, “ha tenido en esta travesía periodos con vientos favorables, pero también días de encalmada. En los últimos días, gracias a un tren de borrascas, se ha conseguido el impulso final hasta Europa sin necesidad de arrancar el motor”.

Con anterioridad, el buque-escuela “Juan Sebastián de Elcano” había cruzado tres veces el Atlántico a vela, pero había sido en el trayecto desde Canarias hasta el Caribe. Esta es la primera vez que se realiza desde América a Europa sin la ayuda de sus motores. La primera travesía del Atlántico a vela fue en el crucero de instrucción nº 53, en 1982. En esta ocasión se navegó desde Canarias hasta las islas Vírgenes, aprovechando los vientos alisios que ya condujeron a Colón al continente americano hace más de cinco siglos. El segundo fue en el año 1990, en el crucero nº 61, entre Santa Cruz de Tenerife y San Juan de Puerto Rico, mientras que el tercero y último se consiguió en 1992, en el crucero de Instrucción nº 63, entre San Sebastián de La Gomera y San Juan de Puerto Rico.

Foto: Armada española