Juan Carlos Díaz Lorenzo

A la espera de que los técnicos informen sobre las posibles causas del incendio que ha destruido el ferry italiano “Norman Atlantic”, reina la confusión en torno al número exacto de personas que iban a bordo, pues, como se ha informado, también habían embarcado emigrantes clandestinos cuyo número no ha sido determinado. A medida que pasan las horas y llegan imágenes, se puede tener una impresión aproximada del alcance de la tragedia, aunque también parece que se han exagerado algunos aspectos, posiblemente por falta de conocimiento del mundo de la mar y los barcos.

Lo primero es que el barco no ha naufragado, sino que está siendo remolcado hacia el sur de Italia. Por las imágenes que hemos visto, la mar no está furiosa, como leímos en un periódico italiano de difusión nacional. La información oficial dice que, hasta el momento, han sido rescatadas 427 personas, más 56 tripulantes y hay once muertos y al menos un centenar de desaparecidos, cifra que podría incrementarse finalmente cuando haya sido sofocado el fuego y pueda hacerse una inspección detallada. Hay dudas de que se hayan cumplido los procedimientos establecidos por el SOLAS y que el papel del RINA haya sido el deseable. 

La tragedia del ferry “Norman Atlantic” cuestiona la credibilidad

Otras informaciones que habrá que comprobar con informes técnicos dicen que el barco había sido sobrecargado y ello comprometía su seguridad; que sólo se pudo lanzar un bote salvavidas, que los otros medios de salvamento no fueron arriados y que en una revisión efectuada el pasado 19 de diciembre se encontraron hasta seis deficiencias, una de ellas referida al mal cierre de una puerta cortafuegos. Habrá que saber exactamente dónde se inició el incendio –todo apunta a que ha sido en la bodega– y entre tanto, el dramático asunto está en manos de la justicia italiana. Todo ello corresponde a los técnicos especialistas. Bueno será que se esclarezcan las circunstancias, pues la credibilidad y fiabilidad están en juego.

El buque siniestrado forma parte de una larga serie de una veintena de buques, de proyecto y construcción italiana. Tres de ellos están fletados en la actualidad por navieras españolas: “Albayzin” y “Sorrento”, por Trasmediterránea y “Visemar One”, por Balearia. Sería tranquilizante saber si cumplen con las normas establecidas. Con anterioridad, otros buques del mismo modelo –“Borja”, “Borja Dos”, “T Rex Uno”, ex “Borja Dos” y “Pilar del Mar”, han navegado en líneas españolas, así como los buques “Audacia”, “Tenacia” y “Coraggio”, algo mayores que los anteriores, también al servicio de Trasmediterránea. Otro buque de la misma serie del siniestrado, “Norman Asturias”, ex “Borja”, atendió el servicio de LD Lines entre St. Nazaire y Gijón. 

Foto: Marina Militare

 

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

El ferry italiano “Norman Atlantic” sigue a flote, a la deriva y destruido por el fuego. Reina la confusión en cuanto a los datos de la tragedia, aunque hasta el momento se sabe que hay once muertos y 98 desaparecidos, informa la prensa nacional de Italia. Las autoridades competentes han imputado al capitán del buque, Argilio Giacomazzi y al armador, Carlo Visentini, por presunto delito de homicidio y naufragio culposo. El fiscal de Bari será el encargado de la investigación y ya ha citado a declarar a los tripulantes.

Otras fuentes apuntan también al RINA, el Registro Naval Italiano, como excesivamente permisivo con las exigencias técnicas a bordo y alejado en sus requerimientos a la seriedad del Lloyd’s o el Bureau Veritas. Hay un rosario de preguntas en el ambiente, pues los primeros indicios apuntan a que bien pudo evitarse semejante desenlace. Las preguntas se refieren a medidas de seguridad, la existencia de suficientes chalecos y botes –parece ser que algunos no estaban en condiciones de arriado– y la adecuada actuación de la tripulación.

El ferry “Norman Atlantic” ha sido destruido por el fuego y hay 98 desaparecidos

Se confirma, además, la presencia de inmigrantes sin papeles a bordo, práctica que por lo visto suele ser habitual en la zona. No constan en documento alguno, por lo que el número final de víctimas puede ser mayor cuando el barco pueda ser remolcado e inspeccionado con detalle, si es que antes no se hunde. Uno de ellos, de nacionalidad siria, dijo que iban otros diez polizones y es posible que algunos se lanzaran al agua presa del pánico. Se dice, asimismo, que había camioneros que prefirieron dormir en las cabinas de sus camiones en lugar de acceder a las cubiertas de pasaje.

El caso es que las llamas se extendieron con bastante rapidez, favorecidas por el fuerte viento reinante y el hecho de que este tipo de buque tiene espacios abiertos en los costados, que favorecen mucho la circulación de aire. El capitán afirma que dio la orden de alarma después de que la tripulación hubiera hecho una primera comprobación del foco y su alcance. Algunos pasajeros hablan de que transcurrió casi una hora, pero en estos momentos las grandes dudas se centran en materia de seguridad y la actuación correcta de la tripulación.

Foto: ANSA

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Plencia, villa marinera por excelencia de Vizcaya, rendirá el próximo domingo un homenaje al capitán José Miguel Amézaga Bilbao y los náufragos del petrolero “Bonifaz”, hundido el 3 de julio de 1964 después de una colisión con el petrolero francés “Fabiola”. El suceso, de trágicas consecuencias para el buque español, se saldó con cinco muertos y 20 desaparecidos. El capitán Amézaga, que ahora tiene 90 años, fue el último en abandonar su buque, en unión del oficial radiotelegrafista y un marinero.

La colisión de ambos buques cerrados en niebla se produjo a unas nueve millas al este de Cabo Finisterre. Los náufragos fueron rescatados por los buques mercantes “Setas” y “Sloman Málaga” y el destructor “José Luis Díez” y desembarcados en Vigo y Marín, respectivamente.

El petrolero español, propiedad de Naviera de Castilla –tipo T del Plan de Nuevas Construcciones de la Empresa Nacional Elcano de la Marina Mercante– había descargado en la refinería de Petroliber, en A Coruña y se dirigía a reparar en el astillero de Cartagena. La explosión provocó su hundimiento, mientras que el petrolero francés consiguió llegar por sus propios medios a su puerto de destino.

Estampa marinera del petrolero “Bonifaz” en la terminal de Cartagena

Foto: Casaú / Archivo Díaz Lorenzo