Juan Carlos Díaz Lorenzo

Siguen agitadas las aguas en Madeira con la polémica que rodea la marcha de Naviera Armas de la línea Canarias-Funchal-Portimao. El lector debe ponerse en situación para comprender fácilmente el enojo que produce la desaparición del tramo Funchal-Portimao-Funchal, pues con ello se suprime el enlace marítimo entre la capital madeirense y el continente europeo y lo que ello representa.

Javier Jalvo, ingeniero naval y director de la delegación de Naviera Armas en Tenerife, ha sido quien ha llevado el peso de las negociaciones con el Gobierno regional de Madeira, sin resultado positivo. Según dijo, las tasas aplicadas en el puerto de Funchal son de “las más altas de Europa” y lamentó que el servicio prestado por la compañía nunca obtuviese el reconocimiento de las entidades oficiales del archipiélago madeirense.

Más leña al fuego ha echado la secretaria de Turismo del Gobierno regional, Conceiçao Estudante, restando primero importancia a la polémica y alegando después que existen “otras alternativas”, pues la mayoría del transporte era carga rodada, siendo “residual” la actividad turística que generaba. Parece ser que no tuvo en cuenta los 22.000 pasajeros, en números redondos, movidos en 2011, ni el abaratamiento de la cesta de la compra y el suministro de productos frescos.

Lo cierto es que Naviera Armas se ha ganado ampliamente el favor de la sociedad madeirense, que critica con gran contundencia el comportamiento de su Gobierno autónomo y de la Autoridad Portuaria (APRAM), que se ha encargado de poner todas las trabas posibles para que la línea fuera una constante carrera de obstáculos. Cuando no eran los prácticos, era la demora en la salida del ferry “Lobo Marihno” y las largas esperas en el antepuerto pendiente de atraque.

Los prácticos pusieron mucho de su parte para obstaculizar la línea de Naviera Armas

Y por si todo lo relatado fuera poco, en medio de la tormenta política que ha provocado la situación, sale el presidente de la Comunidad Autónoma, Alberto Joao Jardim –instalado en la poltrona desde hace tres décadas- y dice que el Gobierno regional que preside “fue chantajeado” por los responsables de Naviera Armas. Se excusa argumentado que la petición de exención de tasas portuarias le llegó después de que la compañía hubiera iniciado negociaciones con los clientes para el aumento de las tarifas, debido al incremento del precio del combustible.

Tenemos la impresión de que Madeira es un coto cerrado y el Gobierno ha cedido a las presiones de determinados intereses, aún a costa de perjudicar a la ciudadanía y deteriorar su imagen pública. Medios de comunicación y blogueros marítimos portugueses están siendo muy críticos y contundentes con la situación y han forzado la intervención de la oposición, representada por el Partido Socialista (PS), cuyo diputado Jacinto Serrao ha pedido la presencia de Naviera Armas en la Comisión de Economía y Obras Públicas, para que se esclarezcan los problemas que han conducido a esta situación. Asimismo, el diputado socialista ha solicitado la comparecencia de la secretaria regional de Turismo y Transportes, Conceiçao Estudante, para que explique la situación ante el Parlamento.

Conscientes de la importancia que tiene el transporte marítimo en la macaronesia, y para una isla en la que viven 240.000 personas, nos preguntamos ¿qué clase de gobernantes tiene Madeira que se permite el lujo de sacrificar una conexión marítima que se ha demostrado necesaria? Han sido muchos los pasajeros y turistas que han llegado a la isla en su propio coche y han disfrutado de una magnífica estancia, se han alojado en hoteles, han consumido en restaurantes y han comprado multitud de detalles de la producción local. Pues eso ya no será posible.

Porque lo que son los armadores portugueses –que están detrás de este embrollo- no han hecho ni la más mínima apuesta por dotar a la isla de un servicio como el que hasta ahora les ha proporcionado Naviera Armas y se han limitado al transporte de mercancías en contenedores. No parece fácil, a día de hoy, que pueda restablecerse a corto plazo la línea perdida. Madeira está más lejos de Europa.

Foto: Luis Miguel Correia