Juan Carlos Diaz Lorenzo

Tenemos que lamentar, una vez más, una tragedia en aguas de Filipinas, que posiblemente se pudo evitar. El país asiático nos tiene acostumbrados a noticias contadas en muertos y desaparecidos, como consecuencia de naufragios provocados por malos tiempos, graves incumplimientos de las normas de seguridad, defectuoso o inexistente mantenimiento de los buques y sobrecarga del número máximo de pasajeros.

Y de nuevo el país filipino es noticia con el hundimiento del ferry “St. Thomas Aquinas”, un buque de construcción japonesa, de 2.947 toneladas de peso muerto, que se hundió ayer después de una colisión con el buque mercante “Sulpicio Express”, con un trágico saldo de 31 muertos y 172 desaparecidos, tras un brutal encontronazo ocurrido en las costas de la región central del archipiélago.

El ferry “St. Thomas Aquinas” se suma a la lista de las tragedias marítimas

Por lo que leemos en la prensa internacional, el ferry -propiedad de Asia Marine B.V. y operado por 2GO Travel- se hundió poco después de la colisión, cuando se encontraba a una milla de las costas de la provincia de Cebú. Las informaciones son algo confusas y hablan de que iban a bordo unos entre 700 y 800  pasajeros y 116 tripulantes, que han conseguido salvar sus vidas después del encontronazo y el rápido hundimiento del buque accidentado.

El ferry “St. Thomas Aquinas”, construido en 1973, realizaba un viaje entre Surigao, en el sur del archipiélago y la provincia de Davao, con una escala intermedia en Cebú. Aunque los tripulantes filipinos gozan de cierto prestigio a nivel internacional y forman parte de multitud de tripulaciones, de nuevo se les pone en entredicho y habrá que esperar al resultado de las investigaciones para conocer las razones de tan triste noticia.