Juan Carlos Díaz Lorenzo

El reciente fallecimiento de José María Real Martí, primer capitán del histórico “jet-foil”, nos hace evocar los primeros tiempos de este novedoso medio de transporte marítimo (agosto de 1980) que comunicó a las dos capitales canarias “de centro a centro, sin rodeos”. Fue una apuesta de vanguardia de Compañía Trasmediterránea apenas cinco años después de la existencia del “puente marítimo” entre las dos capitales canarias atendido por los ferries “Ciudad de La Laguna” y “Villa de Agaete”, comprados en Finlandia y que han sido, sin duda, los mejores barcos de su clase que han navegado en aguas de Canarias. Y hemos de recordar que cuando los “delfines” llegaron a las islas, en julio de 1975, todavía navegaba el histórico vapor “La Palma”.

De nuestro archivo hemos elegido estas dos imágenes que reflejan el imaginario colectivo de toda una época. En la primera vemos al capitán José María Real Martí al mando del “jet-foil” “Princesa Voladora”, ex “Flying Princess”, en uno de sus primeros viajes entre Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. Acompañan Lorenzo Suárez Alonso y Julio Bonis Álvarez, así como Lorrin F. Thurston, hawaiano, instructor de Boeing Marine, que fue quien les enseñó los trucos del barco que “no corre, vuela” y con ello se consiguió el pleno éxito de la línea.

Lorrin F. Thurston, José María Real, Lorenzo Suárez y Julio Bonis en el puente de mando del jet-foil “Princesa Voladora”

Unos meses después, comprobadas las gracias del juguete norteamericano que volaba sobre el mar, como diría Antonio Mateo, Compañía Trasmediterránea –en tiempos del presidente Federico Esteve Jaquotot, de grato recuerdo– compró dos buques de nueva construcción llamados “Princesa Guayarmina” y “Princesa Guacimara”. Devuelto el buque “Princesa Voladora” –al que vemos en la segunda imagen–, transcurrió una década en la que el transporte marítimo entre las dos capitales canarias puso de rodillas al transporte aéreo, hasta que a Iberia se le ocurrió en 1987 la creación de Binter Canarias y a partir de entonces el signo de los acontecimientos comenzó a cambiar.

El jet-foil “Princesa Voladora”, fotografiado desde el ferry “Villa de Agaete”

En 1990 y 1991 se compraron otros dos buques construidos por la firma Kawasaki en Japón llamados “Princesa Dácil” y “Princesa Teguise” –a la entrega de este último tuvimos el honor de asistir en la factoría de Kobe–, más modernos y eficientes que los precedentes. Aquellos buques fueron el remate de la que ha sido la apuesta más representativa por los servicios marítimos interinsulares, con la construcción de los buques “Juan J. Sister”, en Finlandia; “Las Palmas de Gran Canaria” y “Santa Cruz de Tenerife”, en Valencia; y los mencionados “jet-foil”, una inversión de unos 30.000 millones de las antiguas pesetas cuando Luis Delso Heras presidía la compañía y Héctor de Armas Torrent desempeñaba la dirección general en Canarias. No hubo otro tiempo igual.

Unos años después, próximo a cumplir su 25º aniversario, la decadencia del servicio era evidente. El transporte aéreo entre las dos capitales canarias ganaba adeptos y la ocupación del “jet-foil” comenzó a retroceder, pese a sus innegables ventajas de proximidad y un viaje de 90 minutos. Pero tenía un condicionante: no llevaba coches y la demanda lo exigía. Los costes de mantenimiento y el consumo de combustible hicieron replantear su continuidad a Trasmediterránea y comenzó la cuenta atrás, hasta que llegó el final de toda una época. Luego vino el catamarán “Milenium Dos” y el “fast-ferry” “Alcántara”, convertidos en una cortina de humo, pese a que el primero había conseguido una cierta cuota de mercado. En diciembre de 1994, Fred. Olsen estableció la línea Santa Cruz de Tenerife-Agaete con los ferries “Bañaderos” y “Bajamar” y cuando el horizonte quedó despejado llegaron los barcos rápidos, que renovaron a partir de 1999 la imagen de vanguardia del transporte marítimo entre las dos capitales canarias. 

Fotos: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

José María Real Martí, uno de los capitanes históricos de Compañía Trasmediterránea, emprendió ayer su última singladura. Desde hacía tiempo capeaba el temporal más duro de su vida y nunca perdió el deseo y la ilusión de arribar a puerto seguro. Al final no pudo ser y ordenó maniobra largando los cabos de proa y popa y entre puntas dio avante a la eternidad, envuelto en una estela especial: la de un amigo entrañable de días felices y una figura relevante, capaz, tenaz, honesta y un profesional de altos vuelos. Alguien realmente excepcional.

Catalán de nacimiento (Barcelona, 20 de septiembre de 1947 – Santa Cruz de Tenerife, 1 de octubre de 2013) y gomero de adopción, estudió Náutica en la Escuela Oficial de su ciudad natal, de la que salió alumno en 1966. En 1969 obtuvo el título de piloto y en enero de 1947 el de capitán de la Marina Mercante. Las prácticas de agregado las hizo entre julio de 1966 y agosto de 1968 en los buques “Ciudad de Ibiza”, “Villa de Bilbao”, “Campocerrado” y “Eco Mercedes”.

José María Real Martí (1947-2013)

En junio de 1969 embarcó como primer oficial en el buque “Eco Luisa” y en enero de 1970 ingresó en Compañía Trasmediterránea y hasta mayo de 1975 navegó como oficial en los buques “Ciudad de Valencia” (1º), “Mallorca”, “Ciudad de Cádiz” (2º), “León y Castillo”, “Viera y Clavijo”, “La Palma”, “Santa María de las Nieves”, “Santa María de la Candelaria” y “Las Palmas de Gran Canaria” (1º). En agosto de 1973 estaba de primer oficial a bordo del buque “Santa María de las Nieves”, en el viaje inaugural de la línea Los Cristianos-San Sebastián de La Gomera.

En mayo de 1975 fue comisionado para viajar a Finlandia como parte de la tripulación que se hizo cargo del ferry “Botnia”, que junto a su casi gemelo “Floria” fueron adquiridos por Compañía Trasmediterránea y rebautizados “Ciudad de La Laguna” y “Villa de Agaete”. Ambos buques inauguraron el “puente marítimo” entre las dos capitales canarias.

En diciembre de 1976 le fue concedida la Cruz del Mérito Naval y la Medalla del Sahara por su participación en la evacuación del Sahara español. Hasta agosto de 1979 permaneció a bordo del ferry “Ciudad de La Laguna” de primer oficial, siendo capitán Tomás Ravelo, otra de las figuras legendarias del transporte marítimo en Canarias. En la citada fecha asumió el mando del ferry “Isla de Menorca” cuando atendía la línea Los Cristianos-La Gomera-El Hierro.

En junio de 1890, en unión del capitán inspector Joaquín Vilanova, fue comisionado por la compañía para viajar a Bélgica y efectuar una serie de pruebas en el “jet-foil” de bandera norteamericana “Flying Princess”, que entonces estaba fletado por P & O y cubría una línea regular entre Ostende y Londres. Fue, en ese sentido, el primer capitán español en pilotar un buque de esta naturaleza. A continuación realizó el curso de Boeing Marine que le certificó como piloto del “jet-foil” y el 7 de agosto de 1890 fue el capitán que realizó el viaje inaigural del buque “Princesa Voladora”.

En junio de 1981 desembarcó para asumir el cargo de capitán-inspector y jefe de operaciones de flota de la Zona de Canarias y más tarde el cargo de delegado de Compañía Trasmediterránea en Santa Cruz de Tenerife, en el que relevó a Ángel Cruz Fernández, así como director comercial de Compañía Trasmediterránea en Canarias, funciones en las que cesó en agosto de 1993 por enfermedad.  

En sus últimos años se entregó al desarrollo del turismo rural de La Gomera

Lejos de retirarse, entró de lleno como empresario del turismo rural en La Gomera, tierra natal de su esposa, Emma, a quien enviamos nuestra sincera condolencia. Figura entre los cofundadores del CIT de La Gomera y de la creación de Ecotural y de la Asociación de Empresarios del norte de La Gomera, que tantos beneficios ha dado a la comarca. Conocía perfectamente y difundió la importancia del asociacionismo para la consecución del desarrollo, la mejora continua y la calidad como destino turístico rural de la isla colombina. Activo y generoso, buen compañero y mejor persona, entregó todo su mejor conocimiento y esfuerzo en beneficio de su pueblo adoptivo, Hermigua, donde está ampliamente reconocido.

José María Real Martí pertenece a la generación de hombres capaces que aportaron conocimiento, esfuerzo, dedicación y valor añadido a la gestión de Compañía Trasmediterránea en Canarias, como también lo hicieron Fernando Pérez Labajos, Andrés Martín Escalón, Salvador Pons Gordillo y Francisco de la Rosa, todos ellos en el recuerdo, quienes junto a otros directivos, tripulantes y trabajadores de tierra conformaron uno de los equipos sobresalientes que ha tenido la empresa, en los tiempos en los que Héctor de Armas en Canarias y Luis Delso desde la presidencia ejecutiva en Madrid hicieron posible una de las mejores épocas de la compañía, con la incorporación de cinco nuevos buques: “Juan J, Sister”, “Las Palmas de Gran Canaria”, “Santa Cruz de Tenerife”, “Pricnesa Dácil” y “Princesa Teguise” y diversas actuaciones que reforzaron el protagonismo de Compañía Trasmediterránea en Canarias.

Descanse en paz el entrañable, querido y admirado amigo.