Juan Carlos Díaz Lorenzo

Presidido por el embajador de España en EE.UU. y con la presencia del alcalde de Pensacola y de otras autoridades locales, los guardiamarinas embarcados en el “Juan Sebastián de Elcano” participaron en una ofrenda floral ante el busto en honor del general Bernardo de Gálvez, sito en Fort George, Pensacola. 

El general Gálvez, nacido en Macharaviaya (Málaga) y reconocido por el Congreso de EE.UU como ciudadano honorario el pasado diciembre, entró en 1781 al mando de cuatro buques en la angosta bahía de Pensacola fuertemente defendida por fuerzas británicas. Su heroica acción desembocó en la rendición de los británicos en la batalla de Pensacola, hito decisivo en la Guerra de la Independencia estadounidense. 

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El buque-escuela “Juan Sebastián de Elcano”, a su llegada a Pensacola

El buque-escuela español permaneció atracado en Pensacola desde el 27 de mayo hasta el 1 de junio, coincidiendo con la Fiesta de las Cinco Banderas, en referencia a los cinco gobiernos que han tenido soberanía sobre la ciudad a lo largo de la historia, España el primero de ellos. Dotación y alumnos fueron partícipes de ceremonias y celebraciones, a las que se añadieron las recepciones ofrecidas por la Liga Naval y la Marina de EE.UU., informa la Armada española. 

Pensacola mostró, en la séptima visita del buque a la ciudad, su especial cariño y agradecimiento a España, engalanando las principales calles con numerosas banderas rojigualdas. A pesar de las altas temperaturas, más de nueve mil personas visitaron el barco, convirtiéndose en el puerto que más visitantes ha recibido durante el presente crucero de instrucción. 

Antes de zarpar, el escuadrón acrobático de la Marina, los Blue Angels, sobrevoló el buque, mientras a bordo se entregaban premios a escolares por sus trabajos sobre la figura del general Gálvez. Tras ser despedido en bahía por una multitud de embarcaciones, el buque-escuela “Juan Sebastián de Elcano” inició la derrota en demanda de Boston, su última escala prevista en el continente americano.

Foto: Armada española

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el puerto de Ceuta fue recientemente inaugurado un monumento en memoria de los tripulantes del dragaminas “Guadalete”, que perdieron la vida hace 60 años. El 24 de marzo de 1954, el buque se hundió en medio de un temporal cuando se encontraba a unas 18 millas de Punta Almina, con un trágico saldo de 34 muertos y 26 desaparecidos, de un total de 78 hombres.  

La ceremonia fue presidida por el almirante de la Flota, Santiago Bolíbar, acompañado por el presidente de la Autoridad Portuaria, José Francisco Torrado. El patrullero de altura “Vencedora” llegó el día 24 para participar en los actos conmemorativos. Ese mismo día, en el Casino Militar de Ceuta, el capitán de navío Luis Mollá pronunció la conferencia “Los últimos días del Guadalete”.

Este monumento en el puerto de Ceuta recuerda el final del dragaminas “Guadalete”

Foto: Armada española

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la escala que el patrullero de altura “Arnomendi” (P-63) realizó hace unos días en el puerto de Saint John’s, en aguas de Terranova, se celebró un sencillo acto de homenaje a la memoria de los quince marineros españoles fallecidos en el naufragio del buque de pasajeros “Florizel”, en febrero de 1918. El buque de la Armada española se encuentra desde el 24 de agosto realizando una campaña de inspección y vigilancia en los caladeros NAFO (Northwest Atlantic Fisheries Organization).

El homenaje se celebró en el cementerio “Mont Carmel” de la citada ciudad, en presencia del comandante del patrullero, capitán de corbeta Antonio Corbacho; una representación de la dotación a su mando y el vicecónsul honorario de España en dicha localidad canadiense, Jean Pier Andrieux, informa la Armada española. Intervinieron el arzobispo de Terranova, Martín William Currie y el comandante del patrullero “Arnomendi”, concluyendo con una ofrenda floral. 

Momento del homenaje a los tripulantes españoles del buque “Florizel”

El buque “Florizel” era el “flag ship” de la compañía Bowring Brothers y estaba fletado a Red Cross Line. Relevaba al buque “Silvia”, que se había perdido por accidente de mar. Construido en el astillero Connell & Co. Ltd., en Glasgow, entró en servicio en 1909 y fue uno de los primeros en el mundo construido específicamente para la navegación entre hielos, de modo que su casco fuera una garantía en las duras navegaciones de la zona.

De 1.980 toneladas brutas y 3.081 toneladas de peso muerto, medía 93,10 m de eslora total, 13,10 m de manga y 9 m de puntal. Estaba propulsado por una máquina alternativa de triple expansión y dos calderas alimentadas a carbón, que le permitía mantener una velocidad de 12 nudos. Durante la Primera Guerra Mundial, en octubre de 1914 hizo de transporte militar llevando a Europa a 540 voluntarios del Newfoundland Regiment, conocidos como “Blue Puttess”.  

Estampa marinera del buque “Florizel” (1909-1918)

El buque atendía la línea regular de pasaje y carga entre St. John’s, Halifax y Nueva York y podía alojar a 145 pasajeros de primera clase y 36 pasajeros de segunda clase. El 23 de febrero de 1918, en el inicio de un nuevo viaje, al mando del capitán William J. Martin, embarrancó debido al mal tiempo reinante en la posición 46º 50’ 56” N y 52º 56’ 20” W, en el lugar conocido como Horn Head Point, cerca de Cappahayden, en el sur de Terranova.  

En el accidente encontraron la muerte 93 personas entre tripulantes y pasajeros y sólo 44 lograron sobrevivir, después de 27 horas de labores de rescate en las gélidas aguas del Atlántico Norte, después de que acudieran en su ayuda las tripulaciones de los buques de guerra “HMS Briton” y “HMS Prospero”, así como otras embarcaciones. La mayoría de los españoles que se encontraban a bordo trabajaban en la sala de máquinas, alimentando el carbón de las calderas. El capitán Martin fue declarado culpable del accidente y suspendido de su licencia durante una temporada.

Fotos: Armada Española y archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Con motivo de su reciente jubilación como profesor del Departamento de Ciencias y Técnicas de la Navegación de la Escuela Técnica Superior de Náutica, Máquinas y Radioelectrónica Naval de la Universidad de La Laguna, en cuyo centro ha ejercido como profesor titular desde 1991, la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación le rindió ayer un homenaje, en el transcurso de una comida celebrada en el Casino de Santa Cruz de Tenerife. 

El presidente de la Academia, Enrique García Melón, le hizo entrega de una placa conmemorativa y cada uno de los asistentes expresaron sus consideraciones personales hacia el homenajeado, que éste correspondió emocionado y con muestras de gratitud. Excusaron su asistencia otros miembros académicos que se encontraban fuera de la isla y que previamente habían mostrado por escrito su adhesión. 

José Perera Marrero lee la dedicatoria de la placa de la Academia

El homenajeado y los miembros de la Academia, en la foto de familia

El profesor Perera Marrero (Santa Cruz de Tenerife, 1942) ha impartido docencia en las asignaturas Navegación Oceánica, Ampliación de Navegación Oceánica y Astronomía de Posición en el Ámbito Marítimo. Desde 1995 hasta la fecha ha sido profesor de tercer ciclo en el programa de doctorado interdepartamental. Miembro del equipo de investigación en tres proyectos y uno de ellos como investigador principal, ha publicado 15 libros, varios de ellos en coautoría relacionados con la navegación, la contaminación y la seguridad, además de artículos en revistas de ámbito nacional e internacional de temas marítimos. 

Arquitecto técnico, capitán de la Marina Mercante y doctor en Marina Civil, navegó durante 14 años y mandó buques de Naviera Pinillos antes de su desembarco como profesor de la Escuela Técnica Superior de Náutica, Máquinas y Radioelectrónica Naval de la Universidad de La Laguna, de la que durante una etapa asumió el decanato y logró con el apoyo del Cabildo Insular de Tenerife parte importante del equipamiento técnico de que dispone actualmente el centro. Ha sido profesor de varios másteres en otras universidades y conferenciante en organismos de ámbito cultural.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Plencia, villa marinera por excelencia de Vizcaya, rendirá el próximo domingo un homenaje al capitán José Miguel Amézaga Bilbao y los náufragos del petrolero “Bonifaz”, hundido el 3 de julio de 1964 después de una colisión con el petrolero francés “Fabiola”. El suceso, de trágicas consecuencias para el buque español, se saldó con cinco muertos y 20 desaparecidos. El capitán Amézaga, que ahora tiene 90 años, fue el último en abandonar su buque, en unión del oficial radiotelegrafista y un marinero.

La colisión de ambos buques cerrados en niebla se produjo a unas nueve millas al este de Cabo Finisterre. Los náufragos fueron rescatados por los buques mercantes “Setas” y “Sloman Málaga” y el destructor “José Luis Díez” y desembarcados en Vigo y Marín, respectivamente.

El petrolero español, propiedad de Naviera de Castilla –tipo T del Plan de Nuevas Construcciones de la Empresa Nacional Elcano de la Marina Mercante– había descargado en la refinería de Petroliber, en A Coruña y se dirigía a reparar en el astillero de Cartagena. La explosión provocó su hundimiento, mientras que el petrolero francés consiguió llegar por sus propios medios a su puerto de destino.

Estampa marinera del petrolero “Bonifaz” en la terminal de Cartagena

Foto: Casaú / Archivo Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Después de 43 años de mar y barcos, el capitán Adolfo Díaz de Durana y Melo (Las Palmas, 1947) rindió pasado el verano su última singladura profesional en el buque de su mando, “Bocayna Express”, y desde hace unas semanas disfruta de su bien merecida jubilación. Motivo por el cual un grupo de amigos le agasajó recientemente con una comida como tributo a la amistad y le obsequiaron con una acuarela del buque “Playa del Médano”, obra del capitán Francisco Noguerol Cajén, compañero y amigo del homenajeado.

El capitán Adolfo Díaz de Durana exhibe el cuadro que le regalaron sus amigos

El homenajeado y el grupo de amigos de la mar y barcos en torno suyo

Adolfo Díaz de Durana y Melo cursó los estudios de Náutica en la Escuela Oficial de Santa Cruz de Tenerife, de la que salió alumno en 1969. Realizó sus prácticas en los buques “Playa del Médano”, “Playa de las Canteras” y “Playa de las Nieves”, de la flota de Naviera de Canarias (NAVICASA).

En octubre de 1974 ingresó en Compañía Trasmediterránea y con los empleos de tercer y segundo oficiales navegó en los buques “Isla de Formentera”, “Ciudad de Toledo”, “La Palma” y “Santa María de las Nieves”. En enero de 1975 pasó de primer oficial al buque “Joaquín Velasco”, de Naviera Alcordemar.

En febrero de 1975 llegó a la flota de Antonio Armas Curbelo, en la que ocupó plaza de capitán al mando de los buques “Volcán de Yaiza”, “Volcán de Tahíche” (1º), “Volcán de Timanfaya”, “Volcán de Tisalaya”, “Antonio Armas”, “Puente Canario”, “Volcán de Tamia”, “Volcán de Tinache” –del que fue su primer titular-, “Volcán de Teneguía” y “Volcán de Tindaya” (1º).

Después se inició una nueva etapa en Líneas Fred. Olsen, en la que se estrenó como capitán del ferry “Benchijigua” (3º), “Bañaderos”, luego rebautizado “Barlovento” y el catamarán “Bocayna Express”, adscrito a la línea Playa Blanca-Corralejo, en la que ha finalizado su carrera  de algo más de cuatro décadas con indudable éxito y buen quehacer profesional.

Fotos: Francisco Noguerol Cajén

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La Asociación Orden del Cachorro Canario, cuyo lema se titula “rescatar, vivir, transmitir y defender nuestra identidad canaria, simbolizada externamente en el sombrero de ala” típico de nuestra tierra, así como practicar “la generosidad, el altruismo, la cordialidad, la creatividad, el espíritu de servicio y la difusión del patrimonio cultural canario sin ánimo de lucro”, rinde hoy homenaje a dos de sus miembros, ya fallecidos: Feliciano García García y Tomás González Sánchez-Araña.

Esta tarde, a las 20 horas, se celebrará una misa gomera en el Santuario del Cristo de La Laguna, que oficiará su rector, Carlos González Quintero. Después, en el restaurante “Casa Juanito”, en La Esperanza, habrá una cena organizada por los directivos de la citada Asociación y coordinada por José Miguel Ramos Noda, en memoria de ambos homenajeados.

Feliciano García García nació el 20 de noviembre de 1945 en Porís de Abona (Arico), en el seno de una familia eminentemente marinera. Licenciado y doctor en Marina Civil por el Centro Superior de Náutica y Estudios del Mar de la Universidad de La Laguna, en la especialidad de máquinas navales, ejerció funciones de catedrático en dicho centro, en el que años antes hecho sus estudios. Su etapa de alumno, oficial y jefe de máquinas transcurrió en CEPSA y entre otros barcos navegó en los petroleros “Talavera” y “Bruch”.

Feliciano García García (1945-2010) y su nieto Héctor

Tuvo una etapa política, en la que le tocó vivir el recibimiento en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, en marzo de 1980, de los náufragos del petrolero “María Alejandra”, del que su hermano Cayetano es uno de los supervivientes. Tuvo otra etapa de empresario en reparaciones navales y por espacio de algo más de quince años estuvo muy involucrado en el mundo de las energías renovables, a las que dedicó gran parte de su vida, incluso cuando la salud comenzó a fallarle.

Formaba parte del comité científico de la revista “Investigaciones marítimas” y era asesor experto de AENOR, ANEP del MICINN y APPA. Una iniciativa en la que tenía puestas muchas esperanzas era la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), de la que era secretario del Comité Científico, lo cual llevó a participar en muchas iniciativas energéticas aportando su experiencia para la toma de decisiones de cierta importancia.

Una de sus preocupaciones era dotar a Canarias de una independencia energética para mejorar la calidad de vida de sus habitantes y para asegurar su futuro en dicha materia. Pertenecía al grupo de investigación INGEMAR/ULL y por ello estaba inmerso en el impulso de tecnologías de energías renovables, sobre todo la eólica, tales como la utilización de grandes petroleros en expectativa de desguace para la desalinización de agua de mar con un sistema híbrido autónomo; estudio de viabilidad de implantación de parques eólicos off-shore en aguas de la Zona Económica Exclusiva; utilización de las energías renovables en la desalinización de agua de mar por ósmosis inversa para el abastecimiento de agua potable y riego agrícola y su aplicación específica en el municipio de Arico, su pueblo natal, entre otros. Escribió numerosas publicaciones en revistas científicas y participó en infinidad de proyectos tanto nacionales como europeos.

Aquejado de problemas coronarios, consiguió un trasplante de corazón en una intervención quirúrgica realizada en Madrid, que resultó exitosa según el veredicto médico, si bien, posteriormente, se produjeron complicaciones que provocaron su fallecimiento el 12 de junio de 2010, a la edad de 64 años.

Casado con Dulce María Reyes Hernández, tiene descendencia en su hija Carolina Dulce. “En el terreno privado –dice su esposa- era un ser humano magnífico, un padre ejemplar, gran amigo, amaba la vida y mientras pudo disfrutó de muchos de los placeres mundanos (la buena mesa, viajar…) y por ello, aunque se fue demasiado pronto, lo quedó mucho por hacer, aunque consiguió más que otros en más años de vida”.

Feliciano García García era un canario de pura cepa que se preocupaba por todo lo referente a su tierra y el progreso de sus islas. Se cuenta la anécdota de que el mismo día que le avisaron de que tenía un corazón idóneo para trasplantarle, después de más de dos años de espera, se encontraba en una conferencia en Madrid en la que presionó de tal modo que consiguió en Canarias quedara incluida en unos planes de energías renovables.

Tomás González Sánchez-Araña

Tomás González Sánchez-Araña nació el 2 de octubre de 1940 en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia de marinos, como su padre, Pedro González Márquez y su primo Manuel González Quevedo. Estudió en las Escuelas Pías de Santa Cruz de Tenerife (1951) y en el Instituto “Tomás Morales” de su ciudad natal y después ingresó en la Escuela Oficial de Náutica de esta capital, de la que salió alumno en 1964.

En 1965 ingresó en CEPSA, de tercer oficial en el petrolero “Gerona”. Ascendió progresivamente en el escalafón hasta alcanzar el empleo de capitán, estrenándose en el petrolero “Bruch”. Ostentó, entre otros, el mando de los petroleros “Bailén” (1º), “Hespérides”, “Talavera” (1º), “Gerona” (1º) “Zaragoza” (2º), “Albuera” (1º), “Albuera” (1º), “Astorga” (1º), “Moncloa” y “Arapiles” (2º).

Por medio hubo un paréntesis de cuatro años en CEPSA y mandó el ferry “Benchijigua”, de Ferry Gomera, entre octubre de 1974 y septiembre de 1977 y el catamarán “Alisur Amarillo”, de Alisur. Relevó en varias ocasiones, con carácter interino, a Salvador Casanova en su cargo de práctico del puerto de San Sebastián de La Gomera.

Tomás González Sánchez-Araña (1940-2012)

Sus expectativas de conseguir plaza de práctico titular se vieron frustradas, por lo que volvió de nuevo a CEPSA como primer oficial de los petroleros “Gerona”, “Valencia” y “Lérida”. En abril de 1988, cuando se vendió la flota, pasó de capitán a Maersk España y desempeñó el mando de los petroleros “Maersk Gerona”, Maersk Valencia” y “Maersk Lérida”. En resumen, fue oficial y capitán de buques petroleros durante más de 27 años y de ellos, quince de capitán al mando de 16 buques petroleros de crudo y productos refinados.

La creación de la Sociedad Estatal de Salvamento (SASEMAR) permitió al capitán Tomás González Sánchez-Araña la oportunidad de trabajar en el ente público desde sus inicios (octubre de 1993), desempeñando durante doce años la jefatura de la torre de control de Tráfico Marítimo de Santa Cruz de Tenerife.

Asumió responsabilidades importantes en la primera etapa del Plan Nacional de Salvamento en Canarias, que tanto ha beneficiado a la comunidad naval y marítima con su presencia y sus actuaciones salvando vidas humanas en todo tipo de circunstancias. Es llamativo que el ente al que dedicó tantos esfuerzos, SASEMAR, le haya negado el reconocimiento justo y merecido, no así la Cruz Roja Española ni la Liga Naval Española, que le distinguieron con la Medalla de Plata y el Ancla de Oro, respectivamente.

Después, cuando llegó la jubilación, en octubre de 2005, compartió su vida entre Candelaria, Hermigua (pueblo natal de su segunda esposa, Sole Méndez Cabrera) y Zamora, donde vive su hija Susana y su yerno Domingo. Estaba feliz y orgulloso de su nieto Darío. En los últimos años nos honró en diversas ocasiones con sus artículos sobre diferentes etapas de su vida marinera, que hemos publicado con mucho gusto en nuestra página web.

Un día se supo enfermo y le plantó cara a la nueva situación con decisión y energía, ejemplo de valor y coraje, afrontando sus sesiones de “quimiquera”, como él decía, con bastante optimismo. Capeó en las mejores condiciones posibles su nueva situación y nos sorprendió gratamente cuando le vimos muy recuperado y con unas ansias de vivir tremendas. Tuvimos ocasión de compartir mesa y mantel en su casa, con Sole y en el Casino de Tenerife, con Manuel Marrero, pues ambos se conocían de su vida profesional en CEPSA y Trasatlántica y hacía 25 años que no se encontraban.

Sin embargo, después de Semana Santa, a la vuelta de viaje de La Gomera, la enfermedad se recrudeció y comenzó la cuenta atrás. Le vimos por última vez el Día de Canarias, en su habitación hospitalaria. Mantenía aún su lucidez y a pesar de sus evidentes dificultades motrices, nos comentó detalles y anécdotas de su vida profesional.

Al despedirnos, Tomás quedó plácidamente acostado para “dormir la siesta del contramaestre”. Supimos, entonces, que cuando despertara y subiera de nuevo al puente, ordenaría maniobra, largando proa y popa, virando cadena y con la ayuda de la máquina se abriría del muelle para dar avante y, después, entre puntas, enfilaría rumbo a mar abierta en la que desde la mañana del 5 de junio de 2012 navega en plena libertad, en su último y eterno viaje. Contaba 71 años.

Feliciano y Tomás, Tomás y Feliciano, dos viejos y buenos amigos de los que disfrutamos de su amistad y de sus conocimientos, están presentes en nuestra memoria. Y también en nuestra sincera y emotiva expresión de gratitud. Con ambos compartimos momentos inolvidables de diverso signo y siempre nos acompaña la satisfacción inmensa de haberles conocido.

Fotos: Dulce María Reyes Fernández y Juan Carlos Díaz Lorenzo