Juan Carlos Díaz Lorenzo

Hemos recibido algunas comunicaciones de capitanes de la Marina Mercante sobre el caso del petrolero “Silver”, matrícula naval de Layounne (antiguo El Aaiún), que agradecemos muy sinceramente. Si no ha descargado antes en otro puerto y puesto que está literalmente en seco, contiene en sus tanques la carga que se ha informado y ello pone de manifiesto la envergadura de la varada. Por lo publicado, un remolcador oceánico de salvamento con base en Las Palmas se encuentra en las proximidades, para intentar reflotarlo.

El buque cargó el pasado 19 de diciembre 4.400 toneladas de fuel en el puerto de Santa Cruz de Tenerife con destino a una central térmica próxima al puerto de Tan Tan, en cuyo puerto debía haber descargado el flete. El problema no está tanto en la fiabilidad del doble casco, que hasta ahora ha resistido los embates, cuanto el castigo constante que está sufriendo debido al mal tiempo reinante, pues puede causar averías y acarrear un vertido. No hay previsión de mejoría meteorológica a corto plazo.

La mar rompe en la amura de babor del petrolero “Silver”

Se ha informado de que, pese a los ofrecimientos de las autoridades españolas competentes, los marroquíes quieren resolver el asunto por su cuenta con el apoyo de técnicos holandeses de la firma Smit Tak, especialistas en la materia. Otras fuentes dicen que han pedido ayuda a España. Se discute si se procede al bombeo del combustible o se intenta reflotar el barco con su carga. No tiene Marruecos, desde luego, el reconocido nivel internacional de España con la Sociedad Española de Salvamento Marítimo (SASEMAR), cuyos efectivos, entre otros aspectos, han demostrado su eficacia profesional en diversos frentes.

El buque, aunque de bandera marroquí, parece que sigue estando bajo control de SCF a través de una sociedad operativa española llamada Compañía Marítima de Explotación y Control Operativa, con sede en Madrid, que guarda silencio. La propiedad legal es de la sociedad Marcab, con sede en Casablanca. El temor está en que se produzca un vertido y su posible afección a las costas de Lanzarote y Fuerteventura y los caladeros del banco canario-sahariano. 

Foto: LE360

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