Juan Carlos Díaz Lorenzo

Esta semana han comenzado las pruebas de mar del destructor “USS Zumwalt” (DDG 1000), el mayor de su clase construido en EE.UU. para la flota de la U.S. Navy. Ayer se hizo a la mar desde su amarre en el astillero Bath Iron Works y descendió el río Kennebec con la ayuda de dos remolcadores, hasta alcanzar mar abierta y comenzar un exhaustivo programa hasta su entrega oficial, prevista en principio para el próximo año.

El nuevo buque, de 15.000 toneladas y 180 m de eslora, llama poderosamente la atención por las formas de su casco y superestructura. El colosal coste económico del programa –estimado en 4.400 millones de dólares sólo para el prototipo– y la crisis económica que también afecta a EE.UU., ha motivado la decisión de reducir a tres unidades de las 32 inicialmente previstas. Por lo que esta clase de destructores serán considerados como un proyecto de demostración tecnológica, más que como unidades operaciones de una nueva etapa.

Sólo en el prototipo se han gastado 4.400 millones de dólares

El buque –comandante, capitán de fragata James Kirk– proporcionará presencia independiente y de disuasión, apoyo a las fuerzas de operaciones especiales y parte integrante de las fuerzas expedicionarias conjuntas y combinadas. La propulsión es eléctrica, instala nuevos radares y sonares, misiles de largo alcance y armas de fuego. El diseño trata de reducir la captación en radares. La elevada automatización permitirá que el buque sea tripulado por un número bastante más reducido en relación a un destructor clásico.

La innovación aplicada a bordo del buque “USS Zumwalt” ha provocado considerables retrasos en el calendario de construcción y un aumento de los costes. Tiene la proa invertida y los ángulos agudos tratan de desviar las señales de radar enemigo. Radares y antenas van ocultas en un alojamiento de material compuesto. Pero también tiene críticos respecto de las formas inclinadas “tumblehome” de su casco, que auguran menos estabilidad que los convencionales. No obstante, el alto mando de la U.S. Navy confía en el diseño y aguarda ansioso su entrega oficial.

Foto: General Dynamics Bath Iron Works

Anuncios

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El Consejo de Ministros ha autorizado a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) a constituir en Brasil, a través de Navantia, una sociedad filial de responsabilidad limitada denominada Navantia Brasil Projetos Navais Ltda. participada en un 90% por Navantia y en un 10% por Navantia Australia, informa la empresa pública española. Hasta este paso han transcurrido dos años de gestiones previas, en las que se han firmado alianzas industriales.

La nueva sociedad tiene como objeto adaptarse a la legislación de defensa del país carioca y posicionarse en el mercado de la construcción naval militar en aquel país, que en los próximos años prevé una importante renovación de su flota. Navantia Brasil será una compañía brasileña que articulará la participación de Navantia en la industria de ese país, de modo que los productos ofertados al Ministerio de Defensa tengan un elevado porcentaje de fabricación local.

1

Navantia está en óptimas condiciones para ofertar en la construcción naval militar

Foto: Armada española

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Navantia mantiene en la actualidad cuarenta acciones comerciales en 21 países, en su intento para lograr nuevos contratos que eviten el descenso de la actividad de la construcción naval militar, que se hace especialmente crítica en las instalaciones de la bahía de Cádiz, en las que a partir de mayo, con la entrega del último BAM de la primera serie, se verá reducida al mínimo.

Navantia consiguió en 2007 su último gran contrato de importancia, caso de los dos buques anfibios para la Marina de Guerra de Australia y el diseño y la ingeniería de tres destructores para el mismo país, basados en el proyecto español modificado de la clase “Blas de Lezo”. Desde entonces, la crisis generalizada y los recortes presupuestarios en Defensa están pasando factura.

Según informa hoy en su edición digital el periódico cincodias.com, a 31 de diciembre de 2011, la cartera de pedidos de Navantia estaba valorada en 2.188 millones de euros. El nivel medio de ocupación de la plantilla propia en las factorías de la bahía de Cádiz era del 81,2 % y por actividades, la construcción naval en San Fernando y Puerto Real era del 65 %; del 85,3 % en reparaciones y del 93,5 % en la división de sistemas de control y combate Faba.

La grúa de pórtico de Navantia en el astillero de Puerto Real (Cádiz)

En la actualidad, las factorías gaditanas se ocupan de la construcción de 12 lanchas de desembarco para Australia y el contrato de reparación de un crucero de turismo de Royal Caribbean, el segundo después del éxito conseguido con el buque “Splendour of the Seas”, pero que apenas supone un mes de carga de trabajo.

Por ello, los sindicatos CC.OO. y UGT han iniciado una campaña de movilizaciones, pues están viendo un futuro complicado. Y es que el empleo directo e indirecto que genera Navantia en la bahía de Cádiz ronda los 12.285 puestos de trabajo, leemos en la edición digital de hoy de cinco días.

El contrato de la segunda serie de los BAM para la Armada Española, pendiente de lo que apruebe el Gobierno, es la mejor solución a priori.  Lo cierto es que la promesa del gabinete Zapatero no se cumplió, pese a que en dos ocasiones el asunto llegó al consejo de Ministros y se consignó una partida de 33 millones de euros en 2011.

El panorama en las instalaciones de Ferrol y Cartagena es más alentador. En la ría ferrolana el nivel medio de ocupación es del 85 %, correspondiendo un 95,3 % a la construcción naval, un 89 % a reparaciones y un 71 % a la fabricación de turbinas. Los sindicatos siguen de cerca el deseo de la Armada para que el gobierno autorice una sexta fragata de la serie F-100, versión modificada del buque “Cristóbal Colón” (F-105).

Por lo que se refiere a la factoría de Cartagena, las perspectivas son mucho mejores, pues el personal (95,5 %) está ocupado en la construcción de los cuatro submarinos de la clase S-80, cuya secuencia de entrega es la siguiente: S-81, marzo de 2015; S-82, noviembre de 2016; S-83, marzo de 2017 y S-84, mayo de 2018. El primero de la serie está previsto que sea puesto a flote en mayo de 2013. Los cuatro buques ya están en construcción, en diferentes fases del programa.

Por los datos que ofrece Navantia y destaca la edición digital de cincodías.com,  la construcción naval supuso en 2010 el 79 % de su facturación, cifrada en 1.574 millones de euros. En la construcción naval militar supone el 24 % del total exportado en toda Europa y el 13 % a nivel mundial.

Navantia ha emprendido nuevas líneas de negocio para diversificar su actividad, relacionadas con la construcción y servicios para los mercados de gas y petróleo y la industria eólica marina.