Redacción

La antigua Estación del Jet-Foil, ubicada en el muelle Norte de Santa Cruz de Tenerife, acoge desde hoy la exposición titulada “Un barco, un destino. Pasado presente y futuro del correíllo La Palma“, organizada por el Organismo Autónomo de Museos y Centros, a través de un convenio de colaboración con la Fundación Correíllo La Palma, de la que el Cabildo Insular de Tenerife es miembro fundador.

En esta exposición, el visitante ahondará en la historia del correíllo La Palma hasta su conversión en una indiscutible joya patrimonial. Igualmente, conocerá de primera mano cómo era el contexto político, social y económico del Archipiélago en sus primeras décadas de servicio activo. Una encrucijada atlántica que experimentó importantes transformaciones a tenor del desarrollo de la agricultura de exportación y el crecimiento de la actividad turística y comercial, fruto del establecimiento de consignatarias extranjeras. Una época en la que las Islas se consolidaron como foco de vanguardismo cultural materializado en una intensa proyección internacional.

También podrá contemplar el surgimiento de la navegación a vapor, con todos los cambios que comportó este nuevo sistema de transporte, y la implantación del servicio postal ultramarino, vehículo indispensable en el complejo entramado de las comunicaciones. Siendo, además, en este ámbito, donde las señales mediante balizado, banderas o luces, la cartelería propagandística de navieras y la decoración de las chimeneas de los vapores, encontraron su razón de ser.

Ricardo Melchior y Víctor Pérez Borrego, en la presentación de la exposición

El vapor "La Palma", en su emplazamiento actual

El vapor La Palma es un buque mixto de pasaje y carga que prestaba sus servicios en Canarias y África. Un barco construido en 1912, en los astilleros británicos de W. Harkess & Son Ltd., en Midlesbrough (Inglaterra). Pertenece a una generación de barcos en los que se materializaron los avances tecnológicos del momento: seguridad, confort, autonomía y velocidad. Dotado de la línea marinera propia de la época, es de la misma quinta del tristemente célebre Titanic.

El vapor La Palma formaba parte de una flota perteneciente a la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios (1912-1930) y, posteriormente, a la Compañía Trasmediterránea (1930-1976). Tras una vida intensa al servicio de la sociedad canaria, y después de sufrir una avería en alta mar, el barco fue amarrado en un muelle de Las Palmas de Gran Canaria a la espera de un incierto futuro.

En 1976, Jürgen Flick, administrador general de una de las empresas con más arraigo en el Archipiélago, lo adquirió en una subasta con la intención de convertirlo en club de yates y casino-restaurante flotante. No obstante, tras largos periodos de espera y silencios administrativos, optó por ofrecerlo gratuitamente al Cabildo de Tenerife, momento en el que se abrió un nuevo periodo en la historia de este barco.

Fotos: Cabildo Insular de Tenerife y Antonio Sáez

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