Juan Carlos Díaz Lorenzo

El capitán José Luis Tormo Boyer, una de las personalidades de la flota de Trasmediterránea en Canarias, emprendió ayer su última singladura a la edad de 88 años. Residía en Las Palmas de Gran Canaria, la que fue ciudad de su residencia desde que arraigó en el archipiélago hace más de medio siglo. Había nacido en 1927 e ingresó en Compañía Trasmediterránea en abril de 1956.

Caballero entre caballeros, persona de muy grato recuerdo y profesional excelente, José Luis Tormo Boyer formó parte de la oficialidad del histórico buque “Ciudad de Toledo” –capitán, Francisco Lleal Bacas– cuando el 5 de agosto de 1956 fue inaugurada a bordo, en el puerto de Pasajes, una exposición flotante de la industria española, que visitó 31 puertos de 16 países de América del Sur, Centroamérica, sur de EE.UU.  y Marruecos.

El capitán José Luis Tormo maniobra el buque “Villa de Agaete” en el puerto de Santa Cruz de La Palma. A su lado, el entonces primer oficial, José Manuel Jiménez

En su largo recorrido hizo escala en los puertos de Bilbao, Lisboa, Tánger, Huelva, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, Río de Janeiro, Santos, Montevideo, Buenos Aires, Bahía, Recife, La Guaira, Barranquilla, Cartagena de Indias, Colón, Puerto Limón, Veracruz, Tampico, Nueva Orleáns, La Habana, Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Ciudad Trujillo, San Juan de Puerto Rico, Casablanca, Ceuta, Melilla, Valencia y finalizó tan apoteósico viaje en Barcelona el 22 de diciembre siguiente. Casi dos millones y medio de personas subieron a bordo para visitar la Exposición durante su largo recorrido. Buenos Aires constituyó el mayor éxito, pues fue visitado por 456.532 personas y por otras 319.975 personas en La Habana.

A José Luis Tormo le conocimos hace más de treinta años siendo capitán de los “delfines” “Ciudad de La Laguna” y “Villa de Agaete”, en los que pasó los últimos años de su vida profesional. Le vimos maniobrar muchas veces con extraordinaria precisión y habilidad hasta llevar al barco “al sitio” y compartimos largas conversaciones y, sobre todo, una amistad bien entendida que acabó siendo entrañable. Aprendimos mucho de sus conocimientos y disfrutamos de su didáctica y amenidad. Sabíamos que estaba en dique seco desde hacía tiempo y al final, no pudo ser. Anoche, otros dos buenos amigos, el capitán José Luis Delisau y Pedro de las Casas, nos trajeron la triste noticia.

Descanse en paz.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

Paco García Novell, buen amigo y colega, nos trae la noticia del fallecimiento, el pasado lunes en Plencia, su pueblo natal, del capitán José Miguel Amézaga Bilbao, a la avanzada edad de 93 años. Muy reconocido en lo personal y en lo profesional, desarrolló gran parte de su carrera en la flota de Fernando M. Pereda, el más destacado de los navieros de Cantabria en el siglo XX.

El capitán Amézaga estaba al mando del petrolero “Bonifaz”, propiedad de Naviera de Castilla, cuando resultó hundido en julio de 1964 en aguas de Finisterre, tras una colisión con el petrolero francés “Fabiola”. La historia está recogida en un extenso artículo de Francisco Rodríguez Aguilar y pronto verá la luz en forma de libro de Paco García Novell, quien se entrevistó en varias ocasiones con el capitán Amézaga.

Amézaga

José Miguel Amézaga Bilbao (1922-2015)

“Quizás la principal razón por la que acepté escribir aquella historia –explica García Novell– fue para así tener la oportunidad de honrar la memoria de quienes padecieron la catástrofe y la de aquellos que tuvieron comportamientos auténticamente heroicos y responsables. Y sin duda uno de ellos fue el capitán Amezaga, que tuvo un gesto de gran generosidad al permanecer en el buque hasta pocos segundos antes de que desapareciera hundiéndose en el mar”.

“He investigado muy a fondo lo que sucedió aquella noche en el Atlántico y puedo afirmar que el capitán y la tripulación del petrolero español fueron ajenos a toda responsabilidad y que la historia no ha hecho suficiente justicia con José Miguel Amezaga, cuyo gesto, heroico sin lugar a dudas, sigo admirando y proclamando a los cuatro vientos, y a quien recuerdo frente a mí con los ojos empañados y la mirada perdida en el vacío cada vez que me hablaba del triste final de su barco al que había querido como algo muy suyo, intimo y cercano”, concluye García Novell.

Foto: Archivo de Paco García Novell

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El tiempo feliz, medido en años, en el que tuvimos la satisfacción de conocer y tener entre nuestros amigos entrañables al capitán Juan Garrido López, no se puede resumir con facilidad en estas líneas apresuradas. En la madrugada del pasado 14 de febrero ordenó su última maniobra y largó cabos hacia la singladura eterna, en la que desde entonces navega pleno del afecto de sus muchos amigos, fieles y leales en todo tiempo y circunstancia, entre los que tenemos el honor de encontrarnos.

Juan Garrido López (Las Palmas de Gran Canaria, 1931-2015) sintió de joven la llamada del mar y después de hacer sus estudios de bachillerato en el Colegio Claret, en la capital grancanaria, en 1949 ingresó en la Escuela Oficial de Náutica de Santa Cruz de Tenerife, de la que salió alumno en mayo de 1953. Embarcó como agregado en el buque “Costa Americana” y después continuó en otros buques de Hijos de Ángel Ojeda, hasta que en noviembre de 1955 obtuvo el título de piloto de la Marina Mercante.

El capitán Juan Garrido López y quien suscribe, en un encuentro del año 2014

Después navegó como oficial en el petrolero “Aníbal”, uno de los barcos del armador valenciano Ramón Marí Pino y en la motonave “Isla de Columbretes”. En enero de 1958 ingresó en CEPSA, compañía en la que navegó en varios petroleros, entre ellos el histórico “San Marcial”, en el que permaneció varias campañas. Este buque y su gemelo “Talavera” eran entonces los mayores de la flota de la Compañía Española de Petróleos. En agosto de 1962 obtuvo el título de capitán de la Marina Mercante y su primer mando fue la barcaza de desembarco “CEPSA Tercero”, en la que realizó 25 viajes entre Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y El Aaiún, llevando material para las prospecciones petrolíferas de las cuadrículas del desierto.

Después se abrió una larga etapa de 27 años estrechamente vinculada con el puerto de La Luz, en la que Juan Garrido López ejerció primero como capitán inspector de la compañía de remolcadores Cory (Miller y Cía.) y asumió el mando del legendario remolcador “Tamarán”, con el que participó en 14 rescates en aguas de Canarias y de la vecina costa africana y, después, desde diciembre de 1983 y por espacio de una década, como práctico titular del puerto de la capital grancanaria.

“Este es el bagaje profesional –escribe el entrañable amigo y colega Juan Francisco Fonte– de un gran marino, un enamorado del Puerto de La Luz al que sirvió con total entrega y con la mejor ilusión (…). Era Juan Garrido todo un prototipo de hombre de mar, entregado en cuerpo y alma a su profesión en quien confiaban los comandantes de Marina y la Autoridad Portuaria. Pero también destacaba su gran amor al puerto de La Luz plasmando ideas y dando sugerencias sobre nuevos proyectos como recogieron en muchas ocasiones las páginas de La Provincia, siendo un directo asesor desde el año 1967 de cualquier acontecimiento o detalle relacionado con la vida diaria de nuestro puerto que reflejaba en este rotativo”.

Juan Garrido tenía un carácter abierto y sincero, una amabilidad proverbial y un humor socarrón. Durante casi cuarenta años fue promotor de una comida mensual en forma de paella entre las gentes de la mar relacionadas con el puerto de La Luz. La tradición se remonta, como explica el amigo Fonte, cuando se encontraba en el puerto de Vigo para recibir en enero de 1983 el remolcador “Bandama”, construido en el astillero Enrique Lorenzo y Cía. y allí coincidió con Marcial Hernández Alayón, inspector de flota de Antonio Armas Curbelo, que también recibía del mismo astillero otro barco llamado “Volcán de Tamia”.

Con Juan Garrido y su adorable esposa Carmen mantuvimos entrañables encuentros en su casa de la calle Obispo Rabadán, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Siempre nos recibieron con una gran amabilidad y compartimos muchas horas de amena charla y algún almuerzo, como paréntesis necesario de nuestra estancia en el camarote del capitán del remolcador “Fortunate”, conservado en la azotea de su domicilio. Descanse en paz el admirado y muy apreciado amigo, que siempre vivirá en el recuerdo de nuestra memoria fértil.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Imeldo Barreto León y Epifanio Perdomo López, únicos supervivientes de la tragedia del buque noruego “Berge Istra” ocurrida hace casi 39 años, viajaron hoy a bordo del fast-ferry “Bencomo Express” en la línea Santa Cruz de Tenerife-Agaete. El capitán Javier Carrasco les recibió y atendió durante la travesía. Un gesto cargado de gran emotividad, pues ambos han relatado en los últimos años su odisea que está recogida en un libro, reportajes de prensa y un documental audiovisual.

El último día del año 1975 y primeros del mes siguiente, la prensa tinerfeña destacó en primera página la trágica noticia del hundimiento del buque noruego “Berge Istra”, de 227.550 toneladas de peso muerto y abanderado en Liberia, propiedad de la compañía noruega Sig. Bergesen. Era, entonces, uno de los buques mayores del mundo en su clase, tipo ore oil / bulk oil (OBO), construido en el astillero de Pula (Croacia, entonces Yugoslavia) y puesto en servicio en 1972.

Imeldo Barreto, Epifanio  Perdomo y el capitán Javier Carrasco

La tragedia del “Berge Istra” ocurrió hace 39 años. Han vivido para contarlo

Solo dos tripulantes de un total de 32 hombres –de los cuales doce eran canarios– consiguieron salvar la vida y los dos son tinerfeños: Imeldo Barreto León (entonces 41 años) y Epifanio Perdomo López (39 años). Veinte días después del trágico suceso, el 18 de enero de 1976, fueron rescatados por un pesquero japonés cuando se encontraban a bordo de una balsa milagrosa, en la que pasaron todo tipo de penurias y pensaron que iban a morir de hambre y sed.

El documental “Los náufragos del Berge Istra”, dirigido por Víctor Calero, recoge la historia de estos dos náufragos, que son estrellas de primer orden en el argumento central del trabajo. Lo cual es de agradecer y nos trae el emotivo recuerdo del libro “La tragedia del Berge Istra. Odisea de dos tripulantes tinerfeños” [Madrid, 1998], del que es autor el abogado tinerfeño José Delgado Díaz y en el que tuvimos el honor de escribir el prólogo y coordinar la edición.

Fotos: Javier Carrasco

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El capitán José Manuel Martínez Mayán, durante años profesor de la Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas de La Coruña, falleció ayer a la edad de 65 años. Hacía poco tiempo que se había jubilado de su actividad docente en el mencionado centro, que es uno de los más importantes y antiguos de España. En el sector profesional y académico era especialmente conocido por su segundo apellido, Mayán. 

Martínez Mayán, a quien conocimos, había sido durante años oficial y capitán de petroleros. Por su dilatada experiencia profesional en este tipo de buques, actuó como perito durante la crisis del “Prestige”. En su tesis doctoral, defendida en 2005 y titulada “Análisis de la seguridad en las maniobras de transbordo de carga entre buques tanque y entre éstos y las terminales, utilizando un shuttle-tanker de propulsión diesel-eléctrica y posicionamiento dinámico”, pone de manifiesto su profundo dominio del tema.

El capitán José Manuel Martínez Mayán, en una clase práctica de maniobra

Coautor, junto a Felipe Louzán Lago y Santiago Iglesias Baniela, del libro titulado “Manual del operador GMDSS”, fue miembro destacado de la junta directiva del Club Náutico de Portosín, en el que desarrolló una intensa labor y miembro número 17 de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación, presidida por el profesor y catedrático de la Universidad de La Laguna, Enrique García Melón. 

Martínez Mayán tenía una gran simpatía, arrancaba una sonrisa con mucha facilidad y deja una estela imborrable de afecto entre quienes fueron sus alumnos, amigos y compañeros de profesión. Como nos dice Felipe Antelo, “en su paso por la vida ha dejado huella. Además de gran luchador frente a varios reveses de su vida, fue un amante de la profesión y consiguió transmitirlo a propios y extraños y lo recuerdan afectuosamente. Una gran pérdida, sin duda”.

Descanse en paz.

Foto: Borja Castaño / Ingeniería Marina

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El capitán de la Marina Mercante José Marrero Marrero (El Escobonal, 1959) fue anoche el encargado de abrir las fiestas de San José 2014 en su pueblo natal, uno de los barrios que conforman el municipio de Güímar. El acto se celebró a continuación del descubrimiento de una placa que da nombre a la calle “Octavio Rodríguez Delgado”, en honor y reconocimiento al destacado biólogo e historiador, profesor de la Universidad de La Laguna y cronista oficial de Güímar y Candelaria. En la introducción y al final actuó el trío de cuerda “Medvecki”, con una selección de piezas del barroco y etapas posteriores.

El capitán Marrero, licenciado en Náutica y Transporte Marítimo, desempeña en la actualidad el cargo de director de Logística y Operaciones de DISA. Su discurso estuvo cargado de una gran dosis de emotividad y recuerdos de vivencias infantiles y juveniles en primer plano. Incidió especialmente en la memoria de sus abuelos, con quienes se crió y aprendió las virtudes que adornan a las buenas personas. De su abuelo canalero aprendió el manejo de las matemáticas en edad temprana y de otros parientes el aprecio y el respeto por las cosas de la mar, lo que habría de ser determinante para su futuro profesional.

El capitán José Marrero Marrero, durante su intervención

El trío de cuerda “Medvecki” ofreció un recital de obras clásicas y modernas

Evocó la memoria de infinidad de personas de la vida cotidiana, sencilla y apacible de El Escobonal, Lomo de Mena y la comarca de Agache. Tuvo palabras de gratitud para quienes fueron sus maestros, sus vecinos y sus amigos de entonces, que hoy, medio siglo después, lo siguen siendo. Hizo mención a la lista de capitanes, jefes de máquinas, oficiales, maestranza y subalternos procedentes de la zona y evocó especialmente la memoria del naviero arafero Florentín Castro Fariña, pariente lejano suyo, cuyo padre procedía de La Medida.

El capitán Marrero esbozó unas pinceladas de sus inicios profesionales en el buque “Río Miera” y de su primer viaje bordeando las costas del sur tinerfeño, frente a su pueblo natal. Recordó cómo había aprendido de niño con los pescadores la interpretación de las estrellas y lo que ello le ayudaría años después cuando estudió Astronomía y Navegación durante la carrera en la Escuela Oficial de Náutica. Hubo momentos especialmente emotivos para el pregonero en sus palabras de gran cariño y afecto para su amigo Octavio Rodríguez Delgado y para el público asistente, reunido en el magnífico local del Centro Cultural de El Escobonal.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Ricardo Génova Araujo, capitán de la Marina Mercante y práctico del puerto de Santa Cruz de Tenerife, falleció el pasado 8 de junio, a la edad de 90 años. Ejerció su profesión durante algo más de tres décadas y le tocó vivir una etapa gloriosa del puerto tinerfeño, que coincidió con la época de los trasatlánticos de la emigración, los cruceros de turismo, el desarrollo frutero, el impulso de la refinería de CEPSA, el cierre del canal de Suez y el paso de los grandes petroleros.

Nació el 20 de noviembre de 1923 en Verim (Portugal). Siendo un muchacho su familia se trasladó a vivir en Santa Cruz de Tenerife. Ingresó en la Escuela Superior de Náutica de Santa Cruz de Tenerife, sección de Puente y en octubre de 1943 embarcó como agregado en el petrolero “Campuzano”, de la flota de CAMPSA, realizando viajes a Aruba y Curazao, puertos en los que entonces España conseguía buena parte del suministro de crudo que necesitaba.

Ricardo Génova Araujo (1923-2014)

En 1946 obtuvo el título de piloto de la Marina Mercante y siguió navegando en los petroleros “Campodrón” y “Remedios”. En diciembre de ese año interinó por primera vez de capitán en el mando del petrolero “Campana”, haciendo viajes al Caribe y Golfo Pérsico. Tiempo después desembarcó y desempeñó el cargo de inspector de flota de CAMPSA. A continuación ingresó en la Reserva Naval Activa (RNA), en la que desempeñó los empleos de alférez de navío y teniente de navío.

Por Orden Ministerial de 26 de julio de 1952 fue nombrado práctico titular del puerto de Santa Cruz de Tenerife, tras superar la correspondiente oposición. Durante nueve años estuvo al frente de la Corporación de Prácticos y durante mucho más tiempo formó parte de organizaciones relacionadas con su profesión, tanto nacionales como internacionales. Ocupó diversos puestos tanto en la Mutualidad como en la Federación Española de Prácticos de Puerto de España; impulsó y logró la incorporación de España a la European Maritime Pilot Association (EMPA) y, posteriormente, a la International Maritime Pilot Association (IMPA). Fue representante de España ante la EMPA y vicepresidente de la mencionada IMPA, así como vicepresidente y delegado ante la Intergovernmental Maritime Consultive Organization (IMCO).

Después de 32 años de servicio y la realización de algo más de 32.000 maniobras sin incidencia alguna, el 2 de diciembre de 1984 atracó su último barco en el puerto de Santa Cruz de Tenerife: el mixto zaireño “Kananga” y a continuación pasó a disfrutar de su jubilación. Mantuvo una permanente vinculación con el puerto, formando parte de la Comisión de Transportes de la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife. Asimismo, fue impulsor de la recuperación del correíllo “La Palma” y cofundador y Presidente de Honor de la Asociación de Veteranos de la Marina Mercante, que se ocupó, entre otras labores, de la exposición marítima V Centenario de Santa Cruz de Tenerife, celebrada en la sede de CajaCanarias.

Durante años fue profesor de Astronomía y Navegación en la Escuela Superior de Náutica de Santa Cruz de Tenerife. Es autor del libro “Cien años de Marina Mercante en el mundo”, así como de numerosos artículos publicados en la Revista General de Marina y en otras publicaciones profesionales. Figura entre los cuatro primeros marinos españoles a quienes el 2 de diciembre de 2011 se les concedió la Medalla al Mérito de la Marina Mercante.

Su pasión fue su familia y la mar, para la que reservó su último deseo: “Descansa para siempre en esta mar a la que tanto amaste”. Contrajo matrimonio con Migdalia Galván Santos, natural de La Palma, de cuya unión nacieron cuatro hijos: Ricardo, Dina (fallecida prematuramente en junio de 2007), Maryola y Alberto. Tuvimos ocasión de conocernos, cultivamos una respetuosa amistad y mantuvimos conversaciones muy agradables sobre nuestra pasión, el mundo de la mar, los barcos y sus gentes, que ya forman parte de nuestro patrimonio personal.

Descanse en paz el admirado amigo.

Foto: Familia Génova Galván

Juan Cárdenas Soriano

Un nutrido grupo de capitanes, jefes y oficiales de la antigua y desaparecida Compañía Trasatlántica Española, procedentes de todo el país, se reunieron ayer en Cádiz para celebrar su segundo encuentro anual. El primero y anterior tuvo lugar el pasado año en Madrid. Este año fue Cádiz la elegida en conmemoración y recuerdo de los muchos vínculos que unieron a esta histórica ciudad marinera con la Compañía.

De aquí el jándalo Antonio López y López  partió para la “perla” del Caribe donde reunió los primeros pesos que le permitirían volver  más tarde a  la madre Patria, para entre otras fuentes de riqueza y progreso creara más tarde la Compañía Trasatlántica. Fue Cádiz  la ciudad elegida para que fundara el astillero de Matagorda, que fue uno de los más importantes del mundo en su género de la época. Fue en Cádiz donde fundó su escuela de hostelería, en la que maestros como el gaditano Melquiades Brizula se encargaron de formar al personal de fonda de su flota. Esta escuela fue refundada por Claudio Lopez Brú, hijo de Antonio López, en el Hotel Atlántico.

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Asistentes al segundo encuentro de Compañía Trasatlántica, celebrado en Cádiz

Visita a la iglesia del astillero de Matagorda, fundado por Antonio López

Juan Cárdenas Soriano y José Ángel González Guisande

El grupo de convocados comenzaron la jornada con una misa “in memoriam” por los compañeros ya desaparecidos y que se celebró en la parroquia de Santo Domingo, donde un amable y documentado predicador de la insigne e histórica Orden tuvo la deferencia de oficiar. No fueron pocos los padres dominicos que se trasladaron en vapores de “la Compañía” allende los mares, para ejercer su vocación misionera bajo el amparo y subvención del que,  aparte de naviero, también fuera fundador de Acción Católica.

Tras la misa y en un “vaporcito” ya reconvertido a motor, se trasladaron al astillero fundado por los marqueses de Comillas donde tuvieron ocasión de disfrutar de los recuerdos que allí  se conservan de mejores épocas; gracias a la iniciativa y esfuerzo de algún o algunos homenajeables  historiadores que tanto están haciendo por preservar la historia de lo que fue uno de los mayores centros de trabajo de la zona.

Tras disfrutar de esta parte del programa, los entrañables compañeros que lo fueron y amigos que lo siguen siendo, se trasladaron a un conocido restaurante gaditano donde disfrutaron de las delicias de la tierra que les evocaron aquellas escalas en Cádiz, previas a poner rumbo al “270º” que los llevaría hasta tierras americanas. La tertulia posterior a la comida se prolongó hasta altas horas de la tarde, permitiendo a todos los asistentes, evocar recuerdos y situaciones por ellos vividas en los ya históricos buques de “la Compañía” o en los puertos recalados.

Lo entrañable de la jornada vivida y el éxito obtenido, hizo que se pusiera fecha y lugar para el tercer y próximo encuentro: Vigo, 13 de junio de 2015.   

Fotos: Juan Cárdenas Soriano     

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La capitán Olatz Gastelu-Iturri Arteche accedió en septiembre pasado al mando del ferry “Ciudad de Málaga”, que opera a diario entre Algeciras y Tánger Med, convirtiéndose en la primera mujer al mando de un barco de Trasmediterránea, informa la compañía. Natural de Bilbao e hija de un capitán de la Marina Mercante, se licenció en la Escuela de Náutica de Portugalete.

Los últimos ocho años, Olatz Gastelu-Iturri Arteche ha navegado como oficial en el buque “Ciudad de Málaga” y en otros barcos de carga de la compañía de las líneas Cádiz-Canarias y Península-Baleares. Con anterioridad, navegó en líneas internacionales de carga, entre el norte de la Península y Francia y en buques gaseros y petroleros haciendo rutas con Arabia Saudí, Turquía, Rumanía e Italia.

La capitán Gastelu-Iturri, en el puente de mando del buque “Ciudad de Málaga”

Con su primer oficial, en la derrota del buque “Ciudad de Málaga”

Fotos: Trasmediterránea

Juan Carlos Díaz Lorenzo

José María Real Martí, uno de los capitanes históricos de Compañía Trasmediterránea, emprendió ayer su última singladura. Desde hacía tiempo capeaba el temporal más duro de su vida y nunca perdió el deseo y la ilusión de arribar a puerto seguro. Al final no pudo ser y ordenó maniobra largando los cabos de proa y popa y entre puntas dio avante a la eternidad, envuelto en una estela especial: la de un amigo entrañable de días felices y una figura relevante, capaz, tenaz, honesta y un profesional de altos vuelos. Alguien realmente excepcional.

Catalán de nacimiento (Barcelona, 20 de septiembre de 1947 – Santa Cruz de Tenerife, 1 de octubre de 2013) y gomero de adopción, estudió Náutica en la Escuela Oficial de su ciudad natal, de la que salió alumno en 1966. En 1969 obtuvo el título de piloto y en enero de 1947 el de capitán de la Marina Mercante. Las prácticas de agregado las hizo entre julio de 1966 y agosto de 1968 en los buques “Ciudad de Ibiza”, “Villa de Bilbao”, “Campocerrado” y “Eco Mercedes”.

José María Real Martí (1947-2013)

En junio de 1969 embarcó como primer oficial en el buque “Eco Luisa” y en enero de 1970 ingresó en Compañía Trasmediterránea y hasta mayo de 1975 navegó como oficial en los buques “Ciudad de Valencia” (1º), “Mallorca”, “Ciudad de Cádiz” (2º), “León y Castillo”, “Viera y Clavijo”, “La Palma”, “Santa María de las Nieves”, “Santa María de la Candelaria” y “Las Palmas de Gran Canaria” (1º). En agosto de 1973 estaba de primer oficial a bordo del buque “Santa María de las Nieves”, en el viaje inaugural de la línea Los Cristianos-San Sebastián de La Gomera.

En mayo de 1975 fue comisionado para viajar a Finlandia como parte de la tripulación que se hizo cargo del ferry “Botnia”, que junto a su casi gemelo “Floria” fueron adquiridos por Compañía Trasmediterránea y rebautizados “Ciudad de La Laguna” y “Villa de Agaete”. Ambos buques inauguraron el “puente marítimo” entre las dos capitales canarias.

En diciembre de 1976 le fue concedida la Cruz del Mérito Naval y la Medalla del Sahara por su participación en la evacuación del Sahara español. Hasta agosto de 1979 permaneció a bordo del ferry “Ciudad de La Laguna” de primer oficial, siendo capitán Tomás Ravelo, otra de las figuras legendarias del transporte marítimo en Canarias. En la citada fecha asumió el mando del ferry “Isla de Menorca” cuando atendía la línea Los Cristianos-La Gomera-El Hierro.

En junio de 1890, en unión del capitán inspector Joaquín Vilanova, fue comisionado por la compañía para viajar a Bélgica y efectuar una serie de pruebas en el “jet-foil” de bandera norteamericana “Flying Princess”, que entonces estaba fletado por P & O y cubría una línea regular entre Ostende y Londres. Fue, en ese sentido, el primer capitán español en pilotar un buque de esta naturaleza. A continuación realizó el curso de Boeing Marine que le certificó como piloto del “jet-foil” y el 7 de agosto de 1890 fue el capitán que realizó el viaje inaigural del buque “Princesa Voladora”.

En junio de 1981 desembarcó para asumir el cargo de capitán-inspector y jefe de operaciones de flota de la Zona de Canarias y más tarde el cargo de delegado de Compañía Trasmediterránea en Santa Cruz de Tenerife, en el que relevó a Ángel Cruz Fernández, así como director comercial de Compañía Trasmediterránea en Canarias, funciones en las que cesó en agosto de 1993 por enfermedad.  

En sus últimos años se entregó al desarrollo del turismo rural de La Gomera

Lejos de retirarse, entró de lleno como empresario del turismo rural en La Gomera, tierra natal de su esposa, Emma, a quien enviamos nuestra sincera condolencia. Figura entre los cofundadores del CIT de La Gomera y de la creación de Ecotural y de la Asociación de Empresarios del norte de La Gomera, que tantos beneficios ha dado a la comarca. Conocía perfectamente y difundió la importancia del asociacionismo para la consecución del desarrollo, la mejora continua y la calidad como destino turístico rural de la isla colombina. Activo y generoso, buen compañero y mejor persona, entregó todo su mejor conocimiento y esfuerzo en beneficio de su pueblo adoptivo, Hermigua, donde está ampliamente reconocido.

José María Real Martí pertenece a la generación de hombres capaces que aportaron conocimiento, esfuerzo, dedicación y valor añadido a la gestión de Compañía Trasmediterránea en Canarias, como también lo hicieron Fernando Pérez Labajos, Andrés Martín Escalón, Salvador Pons Gordillo y Francisco de la Rosa, todos ellos en el recuerdo, quienes junto a otros directivos, tripulantes y trabajadores de tierra conformaron uno de los equipos sobresalientes que ha tenido la empresa, en los tiempos en los que Héctor de Armas en Canarias y Luis Delso desde la presidencia ejecutiva en Madrid hicieron posible una de las mejores épocas de la compañía, con la incorporación de cinco nuevos buques: “Juan J, Sister”, “Las Palmas de Gran Canaria”, “Santa Cruz de Tenerife”, “Pricnesa Dácil” y “Princesa Teguise” y diversas actuaciones que reforzaron el protagonismo de Compañía Trasmediterránea en Canarias.

Descanse en paz el entrañable, querido y admirado amigo.