Juan Carlos Díaz Lorenzo

El capitán José Luis Delisau, viejo y buen amigo, nos trasladó la triste noticia el mismo día en que se produjo. Pascual Marín Bartolomé, jefe de máquinas y durante muchos años jefe de Reparaciones de Compañía Trasmediterránea, emprendió el 31 de enero su última singladura. Y lo hizo acompasado con el latido de la eterna máquina alternativa de triple expansión, entre resoplidos de vapor y negros borbotones de denso humo escapando por la alta chimenea de su vida y las pinceladas tenues y apacibles de sus acuarelas, que tan bien definían su personalidad.

Pascual Marín Bartolomé, nacido en 1929, ingresó el 11 de marzo de 1952 en Compañía Trasmediterránea, en la que desempeñó los cargos de oficial y jefe de máquinas. Desde el 1 de febrero de 1976 tenía efectividad como Jefe de Reparaciones, cargo complejo que desempeñó con indudable maestría y profesionalidad.

Pascual Marín Bartolomé y su pañol de pintura, junto a una de sus acuarelas

Tuvimos ocasión de conocerle y tratarle en numerosas ocasiones en el desempeño de su cargo, con sede en la delegación de Compañía Trasmediterránea en Las Palmas -ciudad de su residencia durante gran parte de su vida-, en los tiempos en los que Antonio Mateo Díaz era el jefe de Zona; Ángel Cruz Delgado, delegado en Tenerife y Dimas Valdivieso, delegado en Las Palmas.

Tomás Ravelo y Pascual Marín, el primero como capitán y el segundo como jefe de máquinas, fueron los técnicos comisionados por la dirección de Compañía Trasmediterránea para viajar a Finlandia y evaluar las características de dos buques que resultaran idóneos para navegar en aguas del Archipiélago Canario. Ambos profesionales centraron su atención en los ferries “Botnia”, “Floria” y “Viking 1”. Después de una detenida inspección, la elección se decantó a favor de los dos primeros, propiedad del consorcio Silja Line y se procedió a su inventario, viajando después al puerto de Rauma, donde entraron en dique seco para efectuar un reconocimiento técnico en seco.

Vista aérea del ferry "Ciudad de La Laguna", ex "Botnia"

El ferry "Villa de Agaete", ex "Floria", maniobrando en El Hierro

El contrato de compra-venta de ambas unidades se formalizó el 22 de marzo de 1975, en un precio de 22,3 millones de marcos finlandeses por el primero y 27,5 millones de marcos finlandeses por el segundo. La diferencia de precio se debe a que el primero estaba en servicio desde 1967 y el segundo desde 1970. Fueron importados mediante autorización expresa del Consejo de Ministros español celebrado el 7 de mayo del referido año, como caso comprendido en el artículo 5º de la ley de 12 de mayo de 1956 y la ley del Régimen Económico y Fiscal (REF) de 1972.

El 2 de junio de 1976 se procedió al abanderamiento y cambio de nombres: “Ciudad de La Laguna” y “Villa de Agaete”, siendo inscritos en las matrículas navales de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, y efectuaron las pruebas de mar previas a su entrega oficial.

Dos días después, el buque “Ciudad de La Laguna” –capitán, Tomás Ravelo- hizo viaje a Helsinki, en cuyo puerto se firmó la escritura de compra-venta en presencia de la representación diplomática española. Por lo que se refiere al buque “Villa de Agaete” –capitán, Enrique Palacios- el 30 de julio del citado año se procedió al arriado de la bandera finlandesa y el izado de la bandera española y al día siguiente se recibió a bordo la visita del presidente del Gobierno de España, Carlos Arias Navarro, que se encontraba en Helsinki para asistir a la Conferencia Europea de Seguridad.

De manera pues que el buen quehacer profesional de Tomás Ravelo y de Pascual Marín fue determinante para la adquisición de ambos buques, que tan extraordinarios resultados dieron en los servicios interinsulares canarios, primero como protagonistas del “puente marítimo” entre las dos capitales canarias y después como enlaces con las islas mal llamadas menores.

“Se nos ha ido un gran amigo, un excelente profesional y una gran persona”, nos dice en su correo electrónico el capitán José Luis Delisau, consideración que compartimos. Lamentamos no poder acompañar esta crónica de una foto de su protagonista, a quien siempre recordaremos con especial afecto y gratitud. Descanse en paz.

Fotos: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

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