Debajo de la densa humareda

junio 30, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Siempre hemos sentido un gran aprecio y respeto por los maquinistas navales, que son quienes hacen posible no sólo la propulsión de los buques, sino el funcionamiento de otros muchos equipos vitales para que la vida a bordo sea normal. Porque si necesarios son los oficiales de puente para la navegación, maniobra, estiba… y con ellos los contramaestres y marineros, no lo son menos los oficiales de máquinas y quienes forman parte de dicho departamento (engrasadores, calderetas, mecánicos…), que requiere de una gran especialización en motores, calderas, combustibles, acoples, reductoras, ejes de cola, aire acondicionado, talleres, repuestos y un largo etcétera.  

Siempre nos ha gustado, cada vez que ha sido posible, bajar a la sala de máquinas de un barco y conversar con su gente, de quienes hemos aprendido cosas interesantes. Es un mundo diferente, tan lejano y tan cercano al mismo tiempo. En cada arrancada de motores se hace de nuevo el “milagro” de la propulsión mecánica y aunque afuera veamos una densa humareda negra como la que acompaña, la profesionalidad hecha virtud de un grupo de hombres y mujeres que aman a su profesión hace posible cada día, entre unos y otros, todos en definitiva a bordo, que los barcos se muevan y nos hagan la vida más agradable.

Una densa humareda sale de la chimenea del ferry “Volcán de Tamadaba”

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

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